Escrito por Redaccion    Viernes, 31 de Octubre de 2008 05:04    PDF Imprimir E-mail
La Vida Interior

Election HQAl desasosiego de la conciencia moderna San Francisco responde con una doctrina y una mística que es necesario conocer y calar hasta lo íntimo para no caer en ese Franciscanismo literario que ama a Asís, el valle de Espoleto, sus montes, su paisaje sereno, pero sostiene que la vida franciscana es un sueño de tiempos pasados cuyos lineamientos conserva Umbría en toda su naturaleza, y lo estima inconciliable con nuestra civilización mecánica, veloz, estandarizada.

Traer aquella pobreza a nuestras ciudades vertiginosas, entre el humo de las fábricas, el estruendo de las máquinas o el alcorzado ilustre de un escritorio bancario, parece absurdo; traer aquella pobreza sobre las esculturas marmóreas de los grandes hoteles, a los magníficos automóviles, alas amplias y bien abastecidas bibliotecas, a los salones modernos, parece utopía; pero utopía, más aún, locura, pareció también a los hombres del siglo XIII la de San francisco cuando llevo su palabra y su doctrina no sólo a las aldeas umbras y casas de los pobres, sino también a los castillos y palacios, a las ciudades de tráfico y entre las filas de los combatientes, y no se encerró en los claustros de sus montes, sino que peregrinó a Francia, Galicia, Palestina, descalzo y pobre, por todas partes a pie, mientras sus contemporáneos procuraban viajar a caballo, bien provistos, y tenían a las comodidades de la vida el mismo amor que tenemos nosotros. Si las circunstancias históricas varían, las pasiones son iguales en todos los tiempos.

En realidad en el siglo XIII como en el XX (o en el XXI) el mundo se siente atraído por las manifestaciones externas de simpatía para con las criaturas que caracterizan a los franciscanos; y en las almas de una y otra época ejerce un espectáculo atrayente esa comprensión de la belleza, esa pobreza generosa, esa sencilla alegría, que son como la irradiación y la unificación de la espiritualidad franciscana; mas, colocado frente a la substancia de esta espiritualidad, que es a la vez austera y maternal, especulativa y afectiva, negadora y exaltadora de todas las inclinaciones humanas, el mundo se resiste a aceptar el aspecto más severo de aquella, porque no comprende su inspiración sobrenatural, y llama fanatismo y locura lo que es, por el contrario, expresión de la substancia de esta concepción de la vida, es decir, el amor de Dios.

Y es que para comprender esta espiritualidad son necesarios dos medios: primeramente, colocarse en la mira sobrenatural en que se colocó San Francisco; en segundo lugar es preciso ponerse a meditar los escritos de San francisco, ya que, si sus mayores Hijos son doctos, sistemáticos y sutiles, ninguno es como él evangélicamente accesible a todos y al mismo tiempo tan original que ofrece por intuición admirable los gérmenes de las doctrinas que tal vez no suponía y que otros desenvolverán.

Tomado de “El Franciscanismo”
Fray Agustín Gemelli OFM
Rector de la Universidad Católica del Sagrado Corazón de Milán
Traducción de la Tercera Edición Italiana por Fr. Gil Monzón OFM
Luis Gili, Editor. Año 1940
Córcega 415, Barcelona
Páginas 373 a 374

 

Actualizado ( Domingo, 13 de Junio de 2010 23:35 )